Una voz olvidada.

¿que ha pasado contigo?- me pregunto mientras me siento delante del teclado. -antes solías hilar las letras de manera sencilla y natural casi como el respirar, tus dedos simplemente recorrían el teclado sin pensar mucho, tan solo se deslizaban desgranando las palabras adecuadas,  era tan fácil vaciar tu alma en las lineas negras sobre blanco que es la escritura, y ahora… nada.

Has dejado de escucharme,- me dice una vocecilla que sale de mi cabeza,  ¿es acaso el hamster que la habita, el que si bien ya no me dice que escribir sigue corriendo sin cesar en su rueda para detenerse aferrándose a los pequeños barrotes para dar vueltas mientras grita !yupiiiiiiiiiiiii, yupiiiiiiiii, otra vez, otra vez, mas rápido, más rápido!.

 No,  no es él,  sentiría sin duda alguna las cosquillas que me hacen sus bigotes cuando se acerca a mi oído interno para susurrarme sus deseos. ¿Acaso será mi locura la que me habla?, mmmm  no, tampoco  lo creo, no me siento eufórico o hiperactivo como cuando como azúcar en exceso, o charlo sin parar con los amigos, o simplemente canto porque la locura sale atravez de mi garganta en forma de pláticas o música (o lo que ella piensa que es música), no, esta voz que me dice que ya no la escucho es diferente.

perdona que no te reconozca- le digo en un tono lo mas educadamente posible y esperando que no se sienta ofendido por no reconocer su voz. Pero ¿quien eres?, no te alcanzo a reconocer.

Claro -me dice en un tono que parece cargar un poco de reproche- ese es el problema, que ya no me reconoces, cuando te hablo no me escuchas y es por ello que te vuelves aburrido y repetitivo, es por ello que no reconoces que es lo que quieres escribir. Recuerdas como  antes me escuchabas, prestabas atención a mis consejos y no temías el parecer ridículo por oírme. Eras libre, tan libre como lo puede ser el ser humano cuando se decide a serlo, y ahora nada, te haz encerrado en un ridículo cuadro que llamas el mundo sin darte cuenta que este te limita te encierra te ahoga y todo por no hacerme caso.

Vaya- le contesto,- al parecer eres alguien importante y yo te he hecho a un lado sin darme cuenta, y mas aún que hacerte a un lado te he olvidado. Pero dime ¿quién eres?.

Aun no me reconoces, soy tu curiosidad sin limites, tu capacidad de preguntar por aquello que no sabes (casi todo), tu risa espontanea, tu capacidad de asombro, tu cuestionarte sobre todo lo que conoces, soy el que inventa para entretenerse a si mismo, aquel que se burla de si mismo y que se defiende de las burlas de los demás para olvidarlas a los 30 minutos, el que se asombra por dentro cuando logra algo nuevo y al resto del mundo pregunta que ya sabia que podía hacerlo, soy el que le gustan los sabores dulces, el brincar en los charcos, el viento en la cara, el canto de las aves y caminar por un bosque, el que cree en la magia y los seres que de ella nacen, el que hace amigos en todos cuanto conoce y no tiene enemigos, a menos que sean imaginados y estos últimos por mas que lo intentan no pueden dañarlo, soy quien se tumba a disfrutar los rayos del sol y a escuchar los cuentos que trae el viento de sus viajes por el  mundo.  Soy el que hace lo correcto por que así es como debe ser aunque todos los que me enseñaron esto no hagan lo correcto. 

Como vez soy todo lo que has perdido y por lo cual ya no te es sencillo escribir, y lo que pasa es que alguna vez me dormí una pequeña siesta y alguien te lleno los oídos con la idea de que escucharme no era  una buena idea, algo impropio de alguien que ha pasado el tiempo que tu has pasado en la tierra.  Te llenaron con la idea de que no era yo quien te daba todo lo que he dicho, que yo no era el puente entre lo ordinario y lo extraordinario de las letras que a veces venían a tu escritorio.

Y mientras mas hablaba, mas vergüenza sentía, ya que en verdad no podía recordar de quién era aquella voz tan familiar, tan cálida, tan llena y carente de seriedad al mismo tiempo. Tan llena de importancia, si tan llena de importancia porque reconocía la verdad en cada una de las cosas que me decía y ahí estaba yo recibiendo una reprimenda como no la recibía desde que usaba las repisas de la despensa como escalera para robar la mermelada entre comidas. Y esta idea me hizo reconocer la voz, misma que dejo de semonarme en cuanto la reconocí, enseguida esta vocesilla me sonrió y me tendió la mano al tiempo que me decía -te perdono, ¿sin rencores?.

-Sin rencores- le conteste y estreche su pequeña y delgada manecilla en un acto de lo mas simple y sincero,  con una sonrisa en mi cara logré el perdón de la voz de mi niño interior al cual cometí el error de olvidar, pero tuve la fortuna de volverlo a escuchar y reconciliarme con él.

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Acerca de eudark

Sí, este soy yo, no es un defecto de la lente, no photoshopee esta imagen, ni la altere, todas las locuras, razones y sin razones que aparecen en este espacio (Exceptuando las que aclaro son de otras personas) salen de esa cabeza que ven aquí. Si tenían curiosidad de conocer al autor de reunir todo esto... pues no vean tanto la foto sino lean las líneas que aquí escribo y esto les dará un cuadro completo de como soy. ;)
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